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La Coctelera

4 Septiembre 2009

John Milton, When I Consider How My Light is Spent...

Milton dictando a sus hijas, Eugène Delacroix

Sonnet 19. When I consider how my light is spent...
John Milton (1608-1674)

When I consider how my light is spent,
Ere half my days in this dark world and wide,
And that one Talent which is death to hide
Lodg'd with me useless, though my Soul more bent

To serve therewith my Maker, and present
My true account, least he returning chide,
Doth God exact day-labour, light deny'd,
I fondly ask; but patience to prevent

That murmur, soon replies, God doth not need
Either man's work or his own gifts, who best
Bear his mild yoak, they serve him best, his State

Is kingly. Thousands at his bidding speed
And post o're Land and Ocean without rest:
They also serve who only stand and wait.

Cuando pienso cómo mi luz se agota
Tan pronto en este oscuro y ancho mundo
Y ese talento que es la muerte esconder
Alojado en mí, inútil; aunque mi alma se ha inclinado

Para servir así a mi Creador, y presentarle
Mis culpas y ganar su aprecio
¿Qué trabajo mandaría el que me negó la luz?
Pregunto afectuosamente. Pero la paciencia, para prevenir

Ese murmullo, pronto responde: "Dios no necesita
Ni la obra del hombre ni sus dones: quienes mejor
Soporten su leve yugo mejor le servirán. Su mandato

Es noble; miles se apresuran a su llamada
Y recorren tierra y mar sin descanso.
Pero también le sirven quienes solo están de pie y aguardan.

Tags: john milton

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30 Agosto 2009

Le Comte de Monte-Cristo, Alexandre Dumas

¿Qué ocurre cuando de repente, te arrancan de las manos una carrera prometedora, te alejan de tu prometida, de tu padre moribundo, y por un capricho del Destino y las conspiraciones de tus supuestos amigos acabas confinado de por vida en una celda olvidada? Hasta Edmond Dantès acaba perdiendo toda esperanza y pensando en el suicidio. Pero otro giro de los acontecimientos le lleva a conocer al abate Faria, quien comparte con él el secreto de un tesoro incalculable (aunque dicen por ahí que de cerca de 1400 millones de dólares actuales) y la manera de escapar de prisión.

Arranca así un relato clásico de venganza, en el que el amigo ultrajado y al que le han arrebatado su vida regresa obsesionado con vengarse de sus enemigos, que años después han triunfado y copan la alta sociedad parisina. Entrenándose en cuerpo y mente durante años, convertido ahora en el Conde de Monte-Cristo, primero fascinará y luego entretejerá en sus redes a aquellos que un día le causaron la mayor de las desgracias.

Cuentan que Dumas viajó a la isla de Monte-Cristo con el futuro Napoleón III, pretendiendo organizar una caza de cabras como la que se ve en la novela, pero que la amenaza de pasar cinco días en la cuarentena que se aplicaba a quienes por entonces visitaban esa isla les disuadió y se contentaron con rodearla en barco. No obstante, el sólo nombre le gustó tanto a Dumas que decidió usarlo en uno de sus títulos.

En un principio, la novela se iba a limitar a recoger sus experiencias de viaje (la parte que ahora ocupa el relato de Morcerf y Épinay en Roma, y probablemente la más floja del conjunto), pero sus editores reclamaron una ficción que tuviera como telón de fondo París. Dumas recoge entonces el relato de un crimen célebre y el de una venganza similar que ocurrió a principios del s. XIX y comienza a tejer una trama que pasará a la Historia. Pero la verdadera génesis de la obra está en la colaboración de Auguste Maquet, habitual de Dumas, quien apuntó que se estaban olvidando de la mejor parte de la historia (los amoríos de Dantès con Mércédès y su confinamiento en la prisión del Castillo de If).

La novela avanza pausada, recreándose en los escenarios y en los personajes, en sus vidas privadas y en sus roles sociales. Recordemos que a Dumas le pagaban por líneas, así que su método de trabajo consistía en tomar lo que Maquet escribía y en lugar de pulirlo, alargarlo. Por muy rastrero que nos pueda parecer hoy día el método de escritura con "negros", no hay que olvidar que en el caso de Dumas él siempre reconoció la deuda que tenía con Maquet, y que no se limitaba a dar pinceladas ocasionales a un texto ya hecho, sino que también pasaba jornadas interminables a la pluma y se encargaba de darle ese "toque mágico" que tanto editores como colaboradores reconocían en él. Sin embargo, el nombre de Maquet se omite de la autoría de los libros porque él mismo aceptó en su momento un contrato para que así fuera, a cambio de unas sumas importantes de dinero que le aseguraron morir como un millonario, mientras que Dumas acabó arruinado y vendiendo sus posesiones.

El lector asiste a la elaborada trama que Monte-Cristo ha fabulado, completamente convencido de que actúa bajo designios de Dios, y considerando que su venganza es justa. No faltan duelos, bandoleros, crímenes ocultos y valses, y hasta hay lugar para una buena degustación de hachís en el salón de Monte-Cristo que parece a ratos el Templo de Eleusis.

El Conde de Monte-Cristo es folletín, es pastiche, pero encierra pasajes memorables y giros narrativos capaces de clavarte en el sillón. Y una moralina previsible, pero bien ajustada en la lógica interna de la novela. Enfrentarse a sus 1400 páginas puede disuadir al más paciente, pero seguro que al final encontrará un relato gratificante y apasionante.

"-Conde, sois la síntesis de todos los conocimientos humanos, y me parece que descendéis de un mundo más avanzado y más sabio que el nuestro -. -Algo hay de verdad en eso, Morrel -respondió el conde con esa sonrisa melancólica que le hacía tan atractivo-, desciendo de un planeta que llaman dolor."

"-Soy aquel al que vendisteis, entregasteis, deshonrasteis, soy aquel al que prostituisteis la novia; soy aquel al que pisoteasteis para hacer fortuna; soy aquel a cuyo padre dejasteis morir de hambre, que os había condenado a morir de hambre y que sin embargo os perdona, porque él mismo necesita ser perdonado: ¡soy Edmundo Dantès!"

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17 Agosto 2009

La Nave de los Hielos, Michael Moorcock

La Nave de los Hielos es una de las primeras novelas de Moorcock (1969), y se nota. Konrad Arflane tiene muchas similitudes con el Michael Kane de su trilogía de Marte, desde su carácter probatorio hasta su tono excesivamente ingenuo.

Konrad Arflane es un capitán ballenero retirado que al principio de la novela, está desesperado y no sabe si cambiar radicalmente su vida o acabar con ella. Vive en un mundo apocalíptico, recubierto de hielo de arriba a abajo en una glaciación interminable que ha cambiado las tradiciones y el comportamiento de los humanos. El Destino se le presenta en forma de un hombre moribundo al que decide ayudar, en contra de las implacables leyes sociales del mundo de los hielos.

Así, Konrad Arflane consigue renombre en la ciudad de Friesgalt, conoce a la bella Ulrica, hija del hombre que salvó, y se convierte en el capitán del "Espíritu de los Hielos", la nave ballenera más poderosa del mundo conocido. Cuando oye hablar por primera vez de Nueva York, la mítica ciudad de las leyendas, cree poder alcanzarla y se embarca en un viaje por lo que es todo el continente americano, completamente recubierto de hielo.

Las similitudes entre Moby Dick y "La Nave de los Hielos" son más que habituales a lo largo de la novela, desde personajes y motivaciones hasta la forma de describir algunas secuencias (como el albergue de Friesgalt). Pero la novela es rudimentaria y está poco madurada. Dicen que se publicó por primera vez en forma de saga folletinesca. Pero eso no justifica que los personajes, desde el propio protagonista, resulten tan antipáticos para el lector, ni que el interés decaiga en algunos momentos, ni que el final resulte tan decepcionante. El sentido trágico de Moorcock impregna todo, pero con una excesividad mal controlada que afortunadamente aprendió a manejar en su saga de Elric de Melniboné, con resultados más líricos y menos descorazonadores que en esta ocasión.

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13 Agosto 2009

La mística salvaje, Michel Hulin

Hulin expone en este libro los interrogantes y los mecanismos que desencadenan el misticismo, debate sobre la posibilidad de que los hombres de alta espiritualidad estén o no locos, y compara casos registrados como los de Santa Teresa, Thomas de Quincey o Aldous Huxley. Repasa los elementos que pueden inducir momentos de anulación del ser, de comunión con la naturaleza, de disipación del tiempo y el espacio, como son todos los momentos místicos, desde las drogas hasta la religión pasando por el ascetismo. El tono es denso y difícil al principio, pero las ideas están muy bien estructuradas y al final resulta esclarecedor. Básico para introducirse en otros más autores (Henri Michaux, Aldous Huxley, Freud o Romain Rolland), y en culturas místicas sabiendo por dónde se pisa.

Tags: michel hulin

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10 Agosto 2009

Alan Moore, The Essential Guide to the Creator of Watchmen, From Hell and V of Vendetta

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8 Agosto 2009

Las 6 reglas de oro de George Orwell

De George Orwell (Politics and the english language):

  1. Nunca uses una metéfora, símil o cualquier otra figura retórica que estés acostumbrado a ver impresa.
  2. Nunca uses una palabra larga donde bastaría con una corta.
  3. Si es posible acortar una palabra, hazlo.
  4. Nunca uses el pasivo cuando puedes usar el estilo directo.
  5. Nunca uses una frase extranjera, una palabra científica o de una jerga que tenga un equivalente en el lenguaje cotidiano.
  6. Rompe cualquiera de estas reglas antes de cometer una barbaridad.
El lenguaje es una herramienta política en tanto que es un reflejo de la manera de pensar. Una manera de escribir oscurantista, confusa, puede ser a la vez un síntoma de ignorancia o mal proceso mental del escritor, o una tergiversación de la realidad intencionada, donde el significado se diluye para que el lector no piense por sí mismo.

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24 Julio 2009

Los Mitos Griegos, Robert Graves

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24 Julio 2009

Orlando, Virginia Woolf

Orlando no es una novela cualquiera, empezando porque Orlando no es un personaje cualquiera. Destaca dentro de la producción de una escritora, Virginia Woolf, que parece haber dado rienda suelta a su fantasía con esta obra. Orlando nos cuenta la vida de un noble inglés, de la época isabelina, que por un capricho del Destino se convierte en inmortal. Todo lo que tiene que hacer es guardar cama durante varios días en un estado cataléptico, para despertar al nuevo siglo con su juventud intacta (no así su sexo, pues Orlando cambia de varón a mujer como quien salta de la orilla de un arroyo a la otra). Así, Orlando atraviesa épocas y reyes, modas y culturas, permaneciendo inmutable (o eso creía él), perseguido por los mismos intereses (como su longevo poema "La Encina") pero sometido a los cambios del entorno.

La obra encierra una reflexión sobre temas tan manidos como la fugacidad de la vida, pero tratados desde un punto de vista original, con un toque de realismo mágico anterior a García Márquez y Rulfo, y aderezada con observaciones sobre el arte, la literatura y el amor. Muy recomendable.

Como curiosidad, Alan Moore ha utilizado en varias ocasiones a Orlando como personaje de su caprichosa Liga de los Hombres Extraordinarios. Y no, su superpoder no consiste (solamente) en poseer un par de piernas perfectas, también son importantes su inmortalidad y su capacidad de ganar cualquier combate.

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