Le Dernier Jour D'un Condamné, Victor Hugo

Esa máquina infame se acabará yendo de Francia, lo sabemos, y si Dios quiere, lo hará cojeando, porque antes nos encargaremos de golpearla sin piedad.
Mucho tuvo que esperar Victor Hugo para ver su odiada guillotina saliendo de Francia. Hasta 1981, casi doscientos años después de su primera aplicación en la Revolución. Lo que no quita mérito a esta obra, opera prima de Hugo, en la que ataca la pena de muerte y apela a los valores de sus compatriotas en un monólogo interior de tintes trágicos y desgarradores. El condenado a muerte que protagoniza esta novela corta no tiene nombre, no sabemos de qué se le acusa y apenas conocemos su pasado. Victor Hugo buscaba la identificación máxima del lector con su personaje, porque no quiere una polémica tipo "para este crimen, sí se justifica la pena de muerte; para éste no", sólo quiere resaltarnos el absurdo de la pena capital en una sociedad que se dice civilizada, la francesa de segunda mitad del XIX. Sociedad que poco se diferencia de la española de entonces y su garrote vil, a la que por cierto Hugo alude como una de las "subdesarrolladas" de Europa, menospreciando a los españoles con el fin de enaltecer a los franceses y abrirles los ojos frente a esa práctica tan deplorable.
Desde su juicio hasta su ejecución, acompañamos al condenado anónimo por su desvivir, por su desesperanza en la prisión, sus sueños frustrados y su arrepentimiento. Dos momentos destacan sobre el resto: el de los condenados a perpetuidad a galeras, que se burlan de él, único ser en la Tierra con una condena peor que esa; y la de su enfrentamiento con el sacerdote, donde el condenado abjura de religiones y nos enfrenta al desolador vacío que espera tras la caída de la cuchilla.
La obra causó una fuerte polémica en su momento, no tanto social sino literaria, con todos sus lectores discutiendo acerca de lo acertado o no de no habernos presentado el pasado del condenado. Así opinaron los editores de Victor Hugo, y éste tuvo que resistirse continuamente a sus peticiones de que incluyera una nota biográfica del condenado para, en opinión de ellos, enriquecer el texto. Hugo finalmente accedió y consignó un capítulo entero a las memorias manuscritas del condenado. Salvo que bajo ese capítulo solo encontramos escrito: "Nota del Editor - Todavía no han podido encontrarse las hojas que acompañaban a estas. Puede que, como se indica en las que siguen, el condenado no haya tenido tiempo de escribirlas. Ya era tarde cuando se le ocurrió la idea.". Todo un acto de resistencia de un escritor que no era un adelantado a su tiempo, ni un pionero en los valores humanistas, pero sí la voz valerosa que se alzó en medio de la barbarie cotidiana.


