El Paraíso Perdido, John Milton

El Paraíso Perdido, de Gustave Doré Milton llevó a cabo una tarea parecida a la de Dante describiendo el Cielo y el Infierno, el Paraíso y el Caos y dotando a esos escenarios de un aspecto realista. Pero no se quedó ahí. Milton convierte a los protagonistas de la epopeya más grande de Occidente en personajes humanos, capaces de moverse por pulsiones vulgares y banales. Es en cierto modo una tarea de fusión entre el paganismo y el cristianismo, convirtiendo a los artífices de la caída de Lucifer y la expulsión del Edén en seres mitológicos a la manera griega, lejos de las entidades vagas e impersonales de la Biblia.
Aquí, Satanás abjura de Dios por los celos que siente al conocer a Jesucristo y dejar de sentirse el más grande de entre los elegidos del Todopoderoso; Adán accede a comer el fruto de la sabiduría por el profundo amor a una Eva que ya ha cometido el error y prefiriendo caer con ella que redimirse solo en el Edén (¿no habría sido una buena razón para que el "Dios del Amor" le perdonara?); los ángeles se sienten confundidos y desorientados ante la traición de Lucifer y no saben muy bien si seguir sus instintos de libertad o permanecer fieles y sumisos. La fuerza de la poesía de Milton radica en esa personalización que nos acerca unos hechos con los que no podría sentirse identificado quien los leyera en el Génesis.
La narración avanza a saltos: comenzando en la llegada de Satanás y los ángeles caídos al Infierno, nos presenta la misión que el Maligno se autoasigna para vengarse de Dios y que no es otra que provocar la caída de su última creación, el Hombre. Mientras, el arcángel Rafael le relata a Adán los sucesos que acaecieron en el Cielo, retrotrayéndonos hasta la traición de Lucifer y la batalla en el Cielo. Milton, en el mejor libro de todos, el VI, atribuye entonces a Satanás la invención de la pólvora, arma terrible que le da una superioridad momentánea sobre los ángeles (y que, "cuando reine el Mal en la Tierra, alguno de tu raza, ¡oh, Adán!, imaginará un instrumento semejante para desolar a los hijos de los hombres"). El resto del relato incluye la tentación de Eva y Adán y las presciencias de la vida futura de los hombres (siempre según la Biblia) hasta la venida de Cristo, último enemigo de Satanás.
Igual de memorable es la propia historia de Milton, quien imaginaba los versos por la noche y de día se los dictaba a sus hijas, que le ayudaban siempre en todo con su ceguera. Y muy a pesar de las pobres, pues dicen que su padre las obligaba a recitarle sus libros en griego, pero sin enseñarles jamás el significado de las extrañas palabras que leían. Puritano y protestante en los tiempos de Cromwell, devenido en ciego en su madurez, padre del verso blanco y gran influencia en autores posteriores, la vida privada de Milton es de todo menos paradisíaca. Huraño, egocéntrico y extremadamente misógino (no hacía falta confirmarlo tras leer sus virulentos ataques a la "culpa" de Eva y su favoritismo por Adán), Chesterton dijo de él que era "un poeta que no podemos dejar de apreciar y un hombre al que nunca podremos apreciar".
Sin duda, responsable de un importante legado, de imágenes poderosas (como la de Satanás cayendo del Cielo al Infierno durante nueve días con sus noches, lo que con un poco de física -básica, no doy para más- nos dice que ambos distan entre sí de 59.256.852.480 kilómetros; diez veces la distancia hasta Plutón); y que puso en boca de Lucifer una de las frases más memorables de la historia: "mejor reinar en el Infierno que servir en el Cielo".



Jose Luis dijo
Subtle he needs must be, who could seduce Angels.
Mucho me impresiono a mi este libro. Sin duda uno de los 1001 que hay que leer antes de morir.
9 Septiembre 2009 | 02:26 PM