Un clásico. Las fábulas y los cuentos tradicionales perdieron la inocencia en la primera mitad del siglo XX, y parece que sólo Orwell estaba allí para darse cuenta. ¿Quién puede volver a creer en la inocencia de los Tres Cerditos después del auge del Comunismo? La crítica al Stalinismo y la obediencia ciega (muchas veces fuera de la U.R.S.S.) sirven aquí para cristalizar un fresco universal en contra de cualquier totalitarismo, una advertencia sobre la corrupción de cualquier poder, y un intento desesperado de Orwell por retirar la venda de los ojos de muchos de sus compatriotas y hacerles ver que tener fe en Napoléon, el cerdo dictador, es lo mismo que servir a las órdenes del amo Jones.