Contra la Censura es otra de esas recopilaciones de ensayos que nos venden como un libro orgánico y coherente, aunque luego no lo resulte tanto. Coetzee sobrevuela varios espacios y varios tiempos en busca de algo que le explique el afán del ser humano por censurar, por prohibir, por controlar y reprimir. Así, salta de la Rusia de Stalin al Sudáfrica del Apartheid, pasando por el feminismo de los 70 o El Amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence.
Falta en el libro un hilo conductor que organice las ideas y las conclusiones (que no son muchas, dicho sea de paso) que presenta Coetzee a lo largo de sus 11 ensayos. A pesar de estar todos orientados al estudio de la censura, no se puede encontrar un pensamiento común en ellos que no sea el más obvio y evidente cuando se habla de censura (la censura es mala, la censura crea mejor literatura al obligar a los artistas a esconder el mensaje, etc). Pero es que, como reconoce el propio Coetzee, la posición de lector no es ninguna posición en absoluto; estos estudios nos ayudan a entender mejor la censura, pero no nos ayudarán a combatirla en ningún modo. Coetzee no se amilana al atacar a pensadores como Freud y Dworkin, pero tampoco es capaz de rematar cada ensayo con alguna conclusión iluminadora. La suya parece la senda del pensador que divaga sobre un tema pero que pronto se olvida de él y vuela hacia otro.
En definitiva, un libro irregular, con unos momentos más interesantes que otros, aunque se agradece el descubrimiento que Coetzee nos hace de poetas de la Rusia Soviética y Sudáfrica y del relato de sus luchas personales contra la censura. Eso sí, no servirá para descubrir a Coetzee...


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