Le Chaland D'Or, Michael Moorcock

La Barcaza Dorada es el primer libro que escrió Michael Moorcock, en 1958, con apenas 17 años. El libro, inacabado, es todo un logro para un escritor tan joven, que un Moorcock con veinte años más retomaría y cerraría, sin duda alentado por presiones editoriales y por intereses puramente económicos.
Sin embargo, es cierto que este libro tiene más en común con los de la Segunda Época de Moorcock (Gloriana, El Burdel de Rosentrasse) que con las sagas del Campeón Eterno que le hicieron famoso en los años 60. Por un lado está la influencia de Mervyn Peake, en esa ambientación histórica pero a la vez tintada de fantasía, con esos personajes perversos y crueles, pero a la vez tan pasionales. Por otro, es normal que a Moorcock le interesara volver atrás y recuperar su novela de primerizo, añadiendo una moraleja que no por nihilista que sea dejar de ser una moraleja (desde el capítulo XVII, donde se nota enseguida el cambio de estilo y el tratamiento más maduro).
Jeprahim Tallow es un hombre marginado, con un cuerpo extraño, enjuto, pelo de un rojo intenso, sonrisa de cocrodilo y que, además, en el primer capítulo se despierta sin ombligo. Tallow se asoma al río donde suele pescar para mantenerse con vida y ve en la lejanía un barco hermoso, construido con oro, brillante como una estrella que navegara por las aguas. El barco le llama irremediablemente, le atrae como nada en este mundo y Tallow abandona su madre y su ciudad natal para ir en su busca. No sabe muy bien por qué, pero tiene la certeza de que cuando alcance el barco lo sabrá y se le revelará una verdad devastadora que cambiará su vida para siempre.
Por el camino, Tallow conocerá el amor, la religión, la política, pero en todas las ocasiones que algo le mantenga alejado del barco Tallow se dejará arrastrar por su egoísmo y acabará traicionando a quienes le rodean. El asesinato, la traición, la mentira, no se detendrá ante nada. Y en el horizonte, siempre, un barco dorado que sigue y sigue, sin esperarle...
Una fábula irónica, como la define el propio Moorcock, con un mensaje que aparece claro al principio pero al que un chico de 17 años no supo cómo darle final. El Moorcok de 37 acaba la historia con el barco dorado y Tallow en el mar, entregado a una muerte más que cierta, seguro de haberse liberado por fin de cualquier atadura al haber cumplido su objetivo y verse de repente vacío de deseos y de anhelos. Un mensaje seguramente muy lejano al que tuviera pensado de joven...


