Del libreto de Kapuściński (pues con sus 124 páginas a letra 14 no se merece otro nombre, y me asalta la duda de quién tiene más morro por publicar como libro la trasnscripción de dos conferencias y una entrevista, si el propio Kapuściński, la moderadora Maria Nadotti o la Editorial Anagrama) surgen sin embargo muchas ideas interesantes sobre el oficio de contar historias, periodísticas o no:
Algunos elementos periodísticos importantes:
- Sacrificar algo de nosotros mismos: se trata de una profesión muy exigente, a la que hay que estar dedicado las 24 horas del día.
- Tiene un lado artesanal, el 90%, que todos hacen igual. El otro 10% es el aporte creativo e individual de cada uno. Éste último requiere toda el alma.
- Hay profesiones que dejan de estudiar en cuanto consiguen el diploma en la Universidad. Los periodistas son gente que está continuamente aprendiendo, que no puede quedarse atrás en un mundo con conocimientos tan cambiantes.
- No es una profesión con la que hacerse rico. De hecho, se suele empezar en lo más bajo y cuesta ir conquistando terreno.
Hay tres formas de entender el periodismo:
- Como instrumento informativo: típico de sus inicios, con un elevado toque de individualidad.
- Como instrumento político: la prensa no busca la verdad, sino vencer a sus enemigos particulares.
- Como instrumento de negocios: la información vende, y cuanto más espectacular sea, más ganaremos con ella.
La objetividad no existe, los periodistas son sólo individuos que comparten los problemas de otras personas, o que intentan resolverlos, o al menos describirlos. Todos los grandes periodistas de la historia (Mark Twain, Ernest Hemingway) son intencionales: se fiajn un objetivo y tratan de provocar algún cambio.
¿Por qué no puede ser un cínico el periodista?
“Es necesario ser escépticos, realistas, prudentes. De otro modo no se podría hacer periodismo. El cinismo es una actitud inhumana, que nos aleja automáticamente de nuestro oficio, al menos si uno lo concibe de manera seria.
En mi vida me he encontrado con centenares de grandes, maravillosos periodistas, de distintos países y de épocas distintas. Ninguno de ellos era un cínico. Al contrario, eran personas que valoraban mucho lo que estaban haciendo, muy serias; en general, personas muy humanas.
Como sabéis, cada año más de cien periodistas son asesinados y varios centenares más son torturados o encarcelados. En distintas partes del mundo se trata de una profesión muy peligrosa. Quien decide hacer este trabajo y está dispuesto a dejarse la piel en ello, con riesgo y sufrimiento, no puede ser un cínico.”


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