Battlestar Galactica
Una de las mejores sorpresas que me he llevado esta temporada consiste en la serie de ciencia ficción Battlestar Galactica. A muchos el nombre os sonará por aquella otra serie, también llamada Battlestar Galactica, de 1978. La furia espacial que había desatado Star Wars estaba en marcha y se dejaba notar en la televisión. La propia 20th Century Fox denunció a la Universal (que producía la serie para la ABC) por plagiar hasta 34 ideas de su película -todo el mundo sabe que plagiar una o dos cosillas, vale..., pero ¡plagiar 34 es pasarse!-. Universal respondió demandando a su vez a 20th Century Fox por haber plagiado en Star Wars ideas originales de su película Silent Running y las series de Buck Rogers. Lo cierto es que la serie antigua recordaba y mucho a La Guerra de las Galaxias (algo tendría de culpa John Dykstra, encargado de efectos especiales en la saga de George Lucas, quien participó también en la serie).

En 2003, Sci-Fi Channel decidió hacer un remake de la serie y así nació la Battlestar Galactica que ahora nos ocupa, la nueva, la moderna. El argumento es el mismo, los personajes son casi idénticos y dicen que hay capítulos que son calcados a los de la serie original. Entonces, ¿dónde está el interés? No valdría la pena de no ser por que los guiones de la nueva serie están muy trabajados, la estructura parece haberse planteado a muy largo plazo y hay un puñado de actores soberbios sosteniendo la historia capítulo a capítulo.

La acción transcurre en un mundo lejano, no se sabe si anterior, contemporáneo o futuro respecto del nuestro. Existen unas Doce Colonias, designadas según los signos del Zodiaco (Caprica, Geminon, Aerion, Sagitarian...). La tecnología de esas colonias ha rebasado los límites del espacio, y enormes naves espaciales surcan el universo con la naturalidad de quien coge el metro. Los científicos de esos mundos llegaron a crear una raza de robots superinteligentes, que, como no podía ser de otra forma -¿para qué crearán robots superinteligentes si todos sabemos cómo va a acabar la cosa?-, se rebelaron contra sus creadores. Así comienza la primera Guerra Cylon, porque así es como bautizaron a las tostadoras díscolas. La guerra terminó con un armisticio, separándose la raza humana de la robótica y estableciendo unas fronteras que nadie cruzaría. La serie comienza cuando un representante de los humanos acude, cuarenta años después, a visitar a los Cylon como embajador. Allí descubre que los robots han perdido su aspecto frío y poco atractivo de máquinas metálicas y con un ojo que parece el frontal del Coche Fantástico (¿o será que el Coche Fantástico es un espía de los Cylon en la Tierra?) y ahora son hermosas y voluptuosas jovencitas (ved la foto de la ex modelo de Victoria's Secret Tricia Helfer y juzgad por vosotros mismos). El embajador fracasa en su misión de paz (más que nada, le fríen antes de que pueda tener éxito) y poco después, en un movimiento inesperado, los Cylon atacan a las Doce Colonias, arrasándolas después de una lluvia devastadora de bombas atómicas.

Los únicos supervivientes, que asisten impotentes a este ataque, son los pasajeros que en ese momento tenían la suerte de estar en una nave espacial. Billones mueren, y sólo unos pocos (casi 50000) sobreviven. La flota de naves, un batiburrillo de pasajes de turistas, naves mercantes y hasta una nave prisión, se ponen a cargo de la única nave militar que no ha caído en el ataque, una nave antigua y desfasada que estaba a punto de ser retirada del servicio, la Battlestar Galactica. Huyendo de los Cylon, los humanos se disponen a cumplir sus dos objetivos: salvar el culo, y encontrar un nuevo mundo en el que comenzar de nuevo. Esa tierra prometida no es ni más ni menos que nuestro planeta, la Tierra.
Porque una decimotercera colonia se separó del resto y se instaló en un mundo remoto, en el planeta Tierra. Ahí reside la última esperanza de la raza, protegida incansablemente por los hombres y mujeres de la Nave de Combate Galáctica.
La Presidenta de las Colonias, Laura Roslin -Mary McDonnell- (la subsecretaria de Educación, que consigue un ascenso récord gracias a ser la única miembro del Gobierno que no muere en el ataque Cylon) y el Coronel Adama -Edward James Olmos- son los encargados de dirigir el entramado social y militar de lo que queda de su civilización. Ambos actores veteranos, brindan una actuación soberbia de dos seres humanos puestos en una situación límite pero que nunca se dejan llevar por las emociones ni pierden el autocontrol cuando ejercen el poder. Es la Presidenta que todos querríamos tener, o el Coronel bajo el que todos querríamos servir.
También el resto de personajes rezuman carisma por los cuatro costados, sobre todo el enigmático, ambiguo y a la par amado y odiadio Gaius Baltar -James Callis-. Baltar es un científico presumido, arrogante y petulante que, sin saberlo, les otorga a los Cylon la clave de la victoria, traicionando a su propio pueblo. El hecho de que parezca haber enloquecido de culpa y se le aparezca en sueños la Cylon que amó le hace un personaje todavía más interesante e impredecible. Gaius Baltar es un hombre al que le gusta seducir y que le seduzcan, sobre todo cuando se trata de actuar como un personaje público y poderoso.

En la nave Galáctica hay sitio para todo tipo de personajes: desde los pilotos con talento pero un cero en conducta (Kara Thrace - Katee Sackhoff-), al lugarteniente estricto y severo (Saul Tigh - Michael Hogan-), pasando por el eficaz ingeniero de aeronaves (Galen Tyrol -Aaron Douglas-), el doctor malhablado y fumador (el Doctor Cottel) y el hijo del Comandante y lo más parecido a un héroe que hay en toda la serie, el Capitán Lee "Apollo" Adama (Jamie Bamber) y sus escrúpulos de acero.
Porque si algo abunda en Galáctica es una ambigüedad moral que se agradece. Un poco de inteligencia en las series de hoy en día nunca viene mal. Battlestar Galactica tiene unos personajes que no son ni blancos ni negros, ni buenos ni malos, y los pone en situaciones en las que las soluciones por las que optan no suelen ser las correctas. Las historias son el resultado de los conflictos que surgen entre unos personajes un poco más elaborados de lo normal.
La propia serie está narrada de una forma inteligente y efectiva, haciendo cosas que a otras ni se les pasaría por la cabeza. Algunos capítulos transcurren solo en un escenario (la propia nave) sin que ocurra absolutamente nada, dejando que las mentalidades de los personajes evolucionen. Y esto, que podría ser un aburrimiento mortal en manos de otros guionistas, se sostiene gracias al buen hacer de los artesanos de Sci-Fi Channel. Muchas batallas se eliden y se ven desde un punto de vista insólito, sin que por ello decaiga la tensión. Y la serie plantea decenas de interrogantes que, sin caer en trucos fáciles de suspense, mantienen enganchados a los espectadores sin que muchos de ellos se hayan resuelto todavía.
Sin embargo, la serie tiene algunos defectos. Toda ella rezuma un aroma conservador y tradicionalista que, por mucho decorado de ciencia ficción, no puede dejar de percibirse. No hace falta resaltar la importancia que tiene la clase militar en el mundo de Galáctica. Ni el sorprendente uso de la religión como un motor importante de las acciones de los personajes y de su cultura (un uso que muchos han querido relacionar con algunas creencias de los mormones). La serie retrata una sociedad que, aunque tecnológicamente más avanzada, se ha quedado socialmente atrás respecto a las nuestras. ¿Por qué no hay en la serie ningún personaje homosexual? Bueno, eso si no nos fijamos en la relación amorosa entre Starbuck y Apollo, los dos mejores pilotos de la nave, que en la versión original eran dos hombres.
A la serie le sobra coraje en muchos momentos, y plantea conflictos muy duros, pero a la hora de la verdad siempre se echa para atrás y "salva" a sus personajes de quedar mal. Son momentos como en el que la presidenta Roslin anima a Adama a acabar con la vida de la Almirante del Pegasus, y éste está a punto de tomar el camino incorrecto, pero casualidades del destino le libran de tener que recurrir a medidas tan drásticas. Y así pasa un par de veces. El suspense no está entonces en ver si el personaje de turno se atreverá a hacer algo tan malo, sino en cómo le salvarán los guionistas en el último momento para que nunca llegue a hacerlo.

Las series no son perfectas, pero Galáctica se ha quedado cerca.
(Atentos a la cuarta y última temporada, prevista para el 2008)


