Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006)
Anoche estuvimos en los céntricos y masivos cines Capitol para ver la película-acontecimiento del año: Alatriste. Las opiniones, aunque variopintas y diversas (la indignación airada de Juanito, la decepción silenciosa de Fernández-Peinado, las ironías habituales de Virgilio...), coincidían en bastantes puntos que son los que creo que definirán la visión que tendremos en el futuro de la adaptación que Díaz Yanes ha intentado llevar a la pantalla.
Hasta ahora, ningún proyecto cinematográfico que se dignara a considerarse de "grandes dimensiones" en este país había llegado tan lejos como Alatriste. Todos los elementos de la película baten récords: de presupuesto, de extras, de localizaciones, de gastos en viajes, en atrezo, en vestuario, en decorados, -¿de taquilla?-. Los ingredientes eran los mejores en todos los sentidos, se contaba con un elenco de actores españoles inmejorable, con un equipo técnico eficaz y volcado en el proyecto y con unas grandes dosis de ilusión (por parte de los autores y por supuesto de los miles de fans que en España no dormían sabiendo que pronto se estrenaría la adaptación de una de sus obras favoritas). Y, por supuesto, está Viggo Mortensen. Viggo, una estrella de renombre internacional desde que encarnó al Aragorn de Peter Jackson (no al de Tolkien, pero ésa es otra historia...) y que, tras trabajar con directores como David Cronenberg, Ridley Scott, Gus Van Sant, De Palma o Woody Allen (aunque sus escenas en La Rosa Púrpura del Cairo se eliminaran del montaje final), desembarcó por segunda vez en un proyecto español (la primera fue junto a Ray Loriga en La Pistola de mi hermano, aunque por aquel entonces no se le conocía ni de lejos lo que se le conoce ahora). La presencia de Mortensen le daba un lustre y una categoría a la temprana producción de Alatriste que podría incluso aspirarse a un gran éxito internacional tan sólo gracias a ella. Pensad en Bruce Willis trabajando en una película francesa (El Quinto Elemento), pero, por favor, no penséis en Harvey Keitel en otra olvidable película española (El Caballero del Dragón)...

Todo, todo apuntaba hacia un triunfo inmejorable. La película Alatriste iba a contar con los mejores elementos que se podrían desear, tan sólo faltaba esperar a que la taquilla respondiera y la mejor película del cine español habría llegado.
¿O quizás no?
Alatriste sólo podía ser una película ambiciosa. Y ahí radica el gran fallo, el talón de Aquiles, de esta megaproducción a la española. Porque, queriendo abarcar los cinco libros publicados por Arturo Pérez-Reverte e incluso adelantar al novelista y llegar más allá, no se puede hacer una película de algo más de dos horas. No hay tiempo material, ni estructura mínimamente coherente que pueda contener todas las escenas que han querido meter en Alatriste. En un videojuego, vale. En una colección de cromos, vale. En una trilogía, tetralogía, heptalogía de películas, vale. Pero, ¡¿en una sola?! La película no para de hacer aguas desde que, tras asistir a las batallas en Flandes pasamos a la Villa y Corte de Madrid, para volver a Flandes, para bajar hasta la costa y el galeón del Oro del Rey, subir otra vez al Escorial y tomarnos unos vinos en la Taberna del Turco. Cada estampa de por sí está muy bien narrada y estructurada, pero no hay un hilo conductor que las una entre sí. ¿Por qué se habrá prescindido de la narración de Quevedo después de la magnífica introducción que oímos con su voz? ¿O la de Íñigo Balboa? ¿O la de Pérez-Reverte maldiciendo y blasfemando en castellano del XVII?
Ése es el gran fallo que conseguirá que los fans se sientan decepcionados y los iniciados, como poco, desorientados. Pero es que además hay algunos detalles capaces de enervar al espectador menos paciente y tolerante, como el acento apátrida y susurrante de Viggo Mortensen (lo siento, Juanito, sigo sin opinar que eso sea el acento de León) o el travestismo innecesario de Blanca Portillo.
Me sorprende la tolerancia con la que los fans aceptan el hecho de que algunos personajes hayan variado su importancia al pasar del papel al celuloide analógico-digital en que esté rodada la película (¿por qué hay protestas multitudinarias por la ausencia de Tom Bombadil y no por la de La Lebrijana, eh?). La verdad es que eso ni molesta ni hace que la calidad disminuya. El error, que está presente desde el guión inicial, estriba en condensar al máximo las acciones para contar cuanto más, mejor. Pero cantidad no es sinónimo de calidad.
Sí, sí, Alatriste está llena de grandes momentos actorales, de un puñado de frases memorables y de tres o cuatro escenas inolvidables. Pero éso es sólo la punta del iceberg, y, debajo, no hay nada.
La recreación histórica es inigualable, el ambiente de la época está captado a la perfección (ya lo estaba en las novelas revertianas) pero ¿por qué tanto quejarse de lo mal que trataba la nobleza española a sus humildes y honrados súbditos, y nadie dice nada acerca de lo mal que trata el cine español a las buenas historias?



Dani dijo
Estoy de acuerdo contigo. Bien podrían haber hecho dos, o tres películas. Aun así me parece una recreación preciosa del Siglo de Oro. Es una lástima que tenga los fallos que comentas; veremos si es verdad lo que sugería Mortenssen en una entrevista y esto abre posibilidades al cine español.
¡Un saludo!
4 Septiembre 2006 | 05:30 PM