Blanco, blanco, blanco... ¿pero es que no hay más colores?
¿Qué puede unir a personajes procedentes de fuentes tan dispares como la Ciencia Ficción, los videojuegos o los Pergaminos del Mar Muerto? Algo tan simple como el color del pelo: blanco. Desde Moby Dick hasta Elric de Melniboné, el albinismo causa estragos, y tanto que últimamente es habitual que la característica diferencial de cualquier personaje de fantasía sea... tener el pelo blanco.
La creatividad está de vacaciones y la falta de originalidad sigue a la orden del día. Por aquel lejano 1961, Michael Moorcock escribe The Stealer of Souls, primera novela de Elric de Melniboné, un príncipe albino, de ojos carmesíes y cabello y piel pálidos que iba a sentar precedente en la fantasía moderna. Porque la idea, tanto estética como simbólicamente, cuajó, y muchos son los que le robaron la idea al escritor inglés.

Entre ellos, el propio Moorcock, quien diez años más tarde se reinventa a sí mismo con la saga de Jerry Cornelius, una encarnación pop del Campeón Eterno se volverá un ser de piel negra y pelo blanco, como una versión en negativo de sí mismo.
Tras Elric y J.C., tenemos a Drizzt Do'Urden, creación del en ocasiones salvable R. A. Salvatore, que como buen elfo drow tiene el pelo blanco, la piel negra y los ojos de un extraño color violáceo (extraño incluso entre los drows). A los elfos oscuros, al habitar bajo tierra y no soportar la luz del sol, les perdonamos que hayan perdido la pigmentación del cabello, pero ¿cómo es que tienen la piel negra? ¡Si no han podido broncearse en su vida! Ah, pero se supone que así parecen seres mucho más malvados... Entonces, vale.

Así pues, en los Reinos Olvidados el elfo oscuro protagonista de cinco trilogías no es el único que tiene el pelo blanco, sino también todos los miles y miles de drows que habitan en la Infraoscuridad.
Allá por los noventa, en Polonia, Andrejz Sapkwoski (¡increíble pero lo he escrito bien a la primera!) se debió de decir "¡Eh! ¡Esto mola!" y a su brujo Geralt de Rivia, éxito editorial en toda Europa, le puso... el pelo blanco. Geralt va junto a su amigo Jaskier de pueblo en pueblo, combatiendo monstruos con sus dos espadas (hmmm, como las dos cimitarras de Drizzt...), una de plata para los mitológicos y otra de acero para los que no lo son tanto. Es posible que el estrés acumulado por culpa de luchar contra criaturas malvadas y poderosas, hacer frente a las conspiraciones de varios gremios de magos y mantener en su cama a la impulsiva Yennefer, que no hace más que apartarse de su camino novela tras novela, haya encanecido los luengos cabellos del brujo.
Reíros si queréis, pero la saga de Geralt de Rivia es un éxito arrollador en Polonia, comparable a los Alatriste de Reverte en España, de la que ya se ha hecho una adaptación cinematográfica. La película, protagonizada por Михал Жебровский, está en el emule, pero sin subtítulos al castellano.

Eso sí, Sapkwoski no dijo nunca en sus relatos que el protagonista tuviera que ser tan feo.
El pelo blanco de todos estos personajes responde a la realidad... hasta cierto punto. El albinismo que pesa como una maldición sobre Elric el débil, Elric el que depende de una espada con personalidad múltiple para sobrevivir, es el reflejo de una concepción errónea sobre esta falta de pigmentación, a la que tradicionalmente se ha identificado con causas enfermizas o incluso demoníacas. Los albinos no son más débiles que los que no son albinos... tan sólo son más claros. Y ya está. Sin más diferencias. Su sangre no es más clara, ni menos espesa ni nada de eso. Así, no hay razón para atiborrarse a anfetaminas como hacen los melniboneses.
El encanecimiento es un proceso natural asociado al envejecimiento y que consiste en la pérdida de melanogénesis en el cabello. El encanecimiento súbito puede producirse cuando se da una situación fuertemente emotiva. Incluso hay casos registrados históricamente, como el de María Antonieta (suponemos que el color de su cabeza cambió antes de que se la separaran del cuerpo) o Tomás Moro.

Así se quedó Tomás Moro, después de ser católico toda su vida, al enterarse de que había una religión en la que divorciarse estaba permitido.
Los procesos fuertemente emotivos que podemos encontrar en las novelas de fantasía y de ciencia ficción son lo suficientemente impresionantes como para encanecer a cualquiera de los personajes que hay en ellos. No se justifica que algunos tengan el pelo blanco y otros no, cuando todos lo pasan igual de mal.
Pero las licencias literarias existen, y hasta Dios se las toma: Noé, el elegido para rescatar a la Humanidad y sus mascotas durante el Diluvio Universal, es también un hombre de piel y cabellos extremadamente pálidos desde el nacimiento (según los Manuscritos del Mar Muerto, ojo). Y si no, ahí están también Moby Dick, Sylvara de la Dragonlance, Luther Arkwright y su hija Victoria (de El Corazón del Imperio, de Bryan Talbot), Tormenta de los X-Men, el Príncipe Arthas de Warcraft III y aproximadamente el 27% de los personajes del Manga japonés para demostrar que lo verdaderamente cool, lo verdaderamente trendy, es tener el pelo blanco. Aunque, puestos a elegir, yo quiero ser como los chicos del Pueblo de los Malditos, ñej, ñej...

Más información sobre Albinismo y Cultura Popular en LunaEterna.net
(Vale, lo reconozco, todo esto no era más que una excusa para meter dibujos guays...)
P.D.: ¡Se me olvidaba uno de los personajes más importantes de la Fantasía Épica!: Raistlin Majere y su melena blanca. Subsano enseguida el error.



