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Pues sí, nos mudamos, por varias razones que a la vista están. Las andanzas parafernálicas seguirán en Absenta y chicas para todos.

¡Nos vemos allí!

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Le Dernier Jour D'un Condamné, Victor Hugo http://parafernalia.lacoctelera.net/post/2009/10/23/le-dernier-jour-d-un-condamne-victor-hugo 2009-10-23T13:12:02+00:00

Esa máquina infame se acabará yendo de Francia, lo sabemos, y si Dios quiere, lo hará cojeando, porque antes nos encargaremos de golpearla sin piedad.

Mucho tuvo que esperar Victor Hugo para ver su odiada guillotina saliendo de Francia. Hasta 1981, casi doscientos años después de su primera aplicación en la Revolución. Lo que no quita mérito a esta obra, opera prima de Hugo, en la que ataca la pena de muerte y apela a los valores de sus compatriotas en un monólogo interior de tintes trágicos y desgarradores. El condenado a muerte que protagoniza esta novela corta no tiene nombre, no sabemos de qué se le acusa y apenas conocemos su pasado. Victor Hugo buscaba la identificación máxima del lector con su personaje, porque no quiere una polémica tipo "para este crimen, sí se justifica la pena de muerte; para éste no", sólo quiere resaltarnos el absurdo de la pena capital en una sociedad que se dice civilizada, la francesa de segunda mitad del XIX. Sociedad que poco se diferencia de la española de entonces y su garrote vil, a la que por cierto Hugo alude como una de las "subdesarrolladas" de Europa, menospreciando a los españoles con el fin de enaltecer a los franceses y abrirles los ojos frente a esa práctica tan deplorable.

Desde su juicio hasta su ejecución, acompañamos al condenado anónimo por su desvivir, por su desesperanza en la prisión, sus sueños frustrados y su arrepentimiento. Dos momentos destacan sobre el resto: el de los condenados a perpetuidad a galeras, que se burlan de él, único ser en la Tierra con una condena peor que esa; y la de su enfrentamiento con el sacerdote, donde el condenado abjura de religiones y nos enfrenta al desolador vacío que espera tras la caída de la cuchilla.

La obra causó una fuerte polémica en su momento, no tanto social sino literaria, con todos sus lectores discutiendo acerca de lo acertado o no de no habernos presentado el pasado del condenado. Así opinaron los editores de Victor Hugo, y éste tuvo que resistirse continuamente a sus peticiones de que incluyera una nota biográfica del condenado para, en opinión de ellos, enriquecer el texto. Hugo finalmente accedió y consignó un capítulo entero a las memorias manuscritas del condenado. Salvo que bajo ese capítulo solo encontramos escrito: "Nota del Editor - Todavía no han podido encontrarse las hojas que acompañaban a estas. Puede que, como se indica en las que siguen, el condenado no haya tenido tiempo de escribirlas. Ya era tarde cuando se le ocurrió la idea.". Todo un acto de resistencia de un escritor que no era un adelantado a su tiempo, ni un pionero en los valores humanistas, pero sí la voz valerosa que se alzó en medio de la barbarie cotidiana.

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Warlock, Oakley Hall http://parafernalia.lacoctelera.net/post/2009/10/13/warlock-oakley-hall 2009-10-13T16:20:19+00:00 Existe en ese limbo de pasajes comunes y comentarios prefabricados en el que se mueve siempre la crítica literaria (cualquier tipo de crítica, sin duda) una afirmación que no por manida y estereotipada deja de tener influencia en las mentes más inquietas, y es que la literatura de género es una literatura menor.

Warlock sola bastaría para desarmar esa afirmación, y es que no hay país más acostumbrado que el nuestro a que las novelas del Oeste, o las películas del Oeste, se vendan como pulp barato en los quioscos o se utilicen como jokers sin valor en la baraja de la parrilla de programación. La novela de Oakley Hall no es solamente un hito en el camino de las novelas del Oeste, género que por razones históricas tiene mejor acogida en EE UU, sino que estamos ante un hito de la literatura del s. XX. Lo que Oakley Hall hace con Warlock es un ejercicio de maestría narrativa absoluta, una novela muy lograda en la que cada ingrediente y cada condimento ha sido puesto ahí con habilidad y con una precisión de relojero suizo.

Warlock es el nombre de un poblado ficticio del Oeste, que vive gracias a las minas de oro que hay en sus alrededores, y que está amedrentado por una banda de cuatreros que se dedica a imponer su ley ante el vacío legal en el que se encuentra la ciudad. Los hombres respetables, burgueses como banqueros, tenderos, propietarios, se reúnen en un Comité de Ciudadanos que es todo el gobierno que una ciudad creada de la nada puede permitirse. Ante las tropelías de los vaqueros del cercano rancho de San Pablo, el Comité de Ciudadanos se hace con los servicios de un pistolero, Clay Blaisedell, célebre por sus hazañas en otros pueblos, y al que un escritor del Oeste regaló unas pistolas con las culatas de oro que son su particular Excalibur.

Hasta aquí, todo predecible, nada nuevo. Pero Oakley Hall le ha dado la vuelta a todos los estereotipos sin que nos demos cuenta al principio, y así, el honrado Clay Blaisedell no es tan defensor de la ley como podría parecer, sino un pistolero eficaz pero arrogante acostumbrado a imponer su visión de las cosas. Los vaqueros, protagonistas de tantas y tantas historias del género, son los indeseables que con su barbarie asolan el pueblo, y los adversarios típicos de cualquier otra historia del Oeste que se precie, los indios, son aquí un elemento elidido que nunca hizo daño a nadie y que ha sido perseguido sin piedad por la Caballería, que por cierto aparece en el último momento, como siempre, también en Warlock, aunque para estropear aún más las cosas en lugar de para salvarlas como solían hacer.

Los personajes de Hall son de una profundidad insólita en este tipo de aventuras, y los héroes se van forjando ante nuestros ojos, pero bañados en un mar de dudas y de temores. Los villanos mueren, pero no de la forma heroica en la que uno podría sentir la catarsis típica de este tipo de historias, y las únicas mujeres que valen la pena se desprecian a sí mismas por el tipo de vida que les ha tocado llevar. Los más sabios están atrapados en el alcoholismo y la tragedia, y los más inútiles son elevados al cargo de General o Sheriff del Condado, y así sucesivamente en un sesgo de vida que de tan real, resulta estremecedor.

Hablar de Warlock y no hablar de la serie Deadwood es como hablar de John Campbell y no hacerlo de Star Wars, de tanto que le deben la ficción audiovisual a la palabra escrita en ambos casos. Así, encontramos muchas similitudes entre lo que nos cuenta Oakley Hall y lo que nos contaba la serie de la HBO, y el pistolero-sheriff se enamora de la señora adinerada del pueblo, como ocurre entre Blaisedell y la señorita Jessie, como ocurría con Bullock y la señora Garret; o el jugador que normalmente era el personaje simpático y pícaro a la Maverick, es aquí el indeseable sinvergüenza que se mancha de sangre sin dudarlo. Si algo tienen en común ambas ficciones es el afán por desmitificar y quitarle lustre a una épica, la del Far West, a la que hace mucho que se le limpió el barro y la sangre, pero en la que a poco que se escarbe, nunca tardan en reaparecer.

-Ése es el destino del género humano [...]-Alzó la botella y la agitó- Y soportarlo es horrible. Pero aquí tengo el disolvente universal. Porque el vino tiene el color de la sangre, y la textura de las lágrimas, y te lo puedes beber para calentarte el estómago y mearlo después para eliminarlo.

-Eso no es vino -observó Jameson- sino whisky del malo, señor Juez.

-Sí, aprende de las experiencias de la vida -dijo el juez-. Y cuando lo hayas aprendido todo, verás cómo torturan a tu mujer y a tus hijos con atizadores al rojo vivo, y te reirás al verlo. Porque para entonces sabrás que las personas no importan nada. Los hombres son como el maíz, el Sol los quema, el invierno los congela y la Caballería los pisotea, pero a pesar de todo, continúan creciendo. Y nada de eso importa mientras haya whisky.

-Y eso es precisamente lo que quiero advertirle. Su orgullo lo conducirá algún día a enfrentarse en duelo a muerte con un hombre que tenga más razón que usted, y usted lo sepa. Y comprenda que está equivocado. ¿Qué hará entonces? Ésa es la pregunta, Clay Blaisedell, ¿qué hará entonces?

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El Buen Soldado Švejk, Jaroslav Hašek http://parafernalia.lacoctelera.net/post/2009/10/09/el-buen-soldado-vejk-jaroslav-hasek 2009-10-09T13:44:34+00:00

Pocos libros se parecen a "El Buen Soldado Švejk", considerado hoy en día el Quijote checo. Lo que Jaroslav Hašek escribió en los años 20 es una obra magna, densa, profunda y muy versátil, pero sobre todo destaca por la creación de un icono de la literatura, Švejk, el torpe y despistado soldado que debería figurar en todos los panteones dedicados a la grandeza de la estupidez humana. Švejk es un soldado checo que se ve inmerso sin saber muy bien cómo en la Primera Guerra Mundial, que con sus comentarios irrita y exaspera a sus superiores, pero sin perder la capacidad de salvarse in extremis de cualquier castigo, por mucho que se lo merezca. Es inevitable sentir una pizca de ternura y de compasión, como le acaba ocurriendo al Teniente Lukáš, por un personaje capaz de mentir, robar y engañar con tanta inocencia como un niño atrapado en el cuerpo de un adulto.

La novela adolece de un ritmo repetitivo y machacón (y eso que faltan dos de los seis volúmenes que el autor proyectaba), en el que nunca parece suceder nada (300 páginas enteras están dedicadas simplemente al viaje en tren de los soldados que van al frente), y a ratos parece que con haber leído el primer volumen uno habría tenido bastante sin tener que enfrentarse a más de lo mismo, pero se sostiene gracias a la gran comicidad de todos los conflictos que surgen entre Švejk y su pelotón plagado de soldados que son monumentos a la estulticia, y el cuerpo de oficiales austrohúngaros, de poblados mostachos y férrea disciplina. Hašek se burla de la guerra, del ejército, de su propio país en una obra incendiaria que se ha convertido en un reclamo para la República Checa, con estatuas y placas conmemorativas repartidas por las tabernas de Praga en las que Švejk solía hacer de las suyas.

A destacar los innumerables discursos de Švejk, quien siempre tiene un ejemplo para cada situación, quien siempre encuentra una excusa para sus deslices, aunque queda la duda de si lo que el soldado tiene terriblemente fértil es la memoria o la capacidad de invención. Gracias a esas historias, se irá salvando de las acusaciones de desertor, de espía de los rusos o de un simple ladrón de comida, convirtiéndose a la vez en el soldado más fiel y deseoso de servir a su patria, y el que acumula más razones para ser condenado a un consejo de guerra. En estas microhistorias dentro de la novela es donde Hašek se luce, se desmelena atacando a cualquier institución sin piedad, escudado en la ingenuidad de su personaje, y logrando la maravillosa paradoja de que de una cabeza tan estúpida, salgan perlas de la más pura sabiduría.

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El Señor de las Moscas, William Golding http://parafernalia.lacoctelera.net/post/2009/10/07/el-senor-las-moscas-william-golding 2009-10-07T13:31:54+00:00

Absolutamente descorazonadora pero con un ritmo hipnótico, El Señor de las Moscas es un revelador relato sobre la condición humana. Un grupo de muchachos (entre los que no hay ninguna niña, por lo que sus ideas sobre la naturaleza de la Humanidad quedan reducidas al menos a la parte masculina) sufren un accidente de avión en una isla desierta y no sobrevive ningún adulto, por lo que ellos mismos tienen que organizarse para ser rescatados. La novela no explica cómo se han quedado solos los niños salvo por un par de apuntes escasos, que se refieren a que el avión en que viajaban ha sido atacado (¿los rusos?) y tiene que realizar una maniobra de emergencia en la isla. Pero eso no es lo importante, no es más que una excusa, un McGuffin como diría Hitchcock para ponernos en situación y presentarnos el conflicto.

El único niño que guarda algo de sensatez, Piggy, resulta ser el más débil: torpe, gordo, asmático... Sólo Ralph, uno de los más cercanos a la pubertad en edad, le escucha de cuando en cuando, y le convierte en su consejero cuando él se haga valer por su carisma para ser elegido líder de los niños abandonados. Pero no consigue evitar los celos de Jack, acostumbrado a ser líder también en la vida "civilizada" (era el jefe de los niños del coro antes del accidente), en lo que será el germen de una posterior rebelión y giro a la barbarie.

Golding establece y analiza paso a paso las relaciones intragrupales y los roces que surgen. Cada niño representaría a un estado del hombre: civilización versus barbarie, con Ralph y Piggy a un lado y Roger y Jack al otro. Mientras que unos proponen encender una hoguera para alertar de su presencia a los barcos que puedan pasar junto a la isla, otros prefieren dedicarse a la caza indiscriminada. Es también importante el personaje de Simon, el marginado del grupo que es además uno de los pocos en preservar su inocencia y una visión mística que le diferencia de todos los demás, aunque a un coste terrible.

Pronto, sensatez y razón ceden ante los instintos más animales, en una huida hacia delante de la que parece no haber salida. Resultan muy poderosos los símbolos, modestos pero con un significado profundo, que se establecen en la convivencia de los niños: la caracola, que simboliza el liderazgo y que los niños se pasan unos a otros en sus asambleas para establecer quién tiene la palabra; las gafas de Piggy, el único instrumento que los niños saben utilizar para prender fuego; y las cabezas de jabalí clavadas en estacas, estandarte de un diabólico Señor de las Moscas que acecha desde tiempos pretéritos en el alma del hombre.

Aunque leyéndolo se intuye el final, uno no puede dejar de avanzar por la historia albergando una mínima esperanza de que todo salga bien, como en las grandes tragedias. Y lo peor de todo es que, para cuando tus primeras esperanzas se cumplen, el final no puede ser más demoledor.

Cincuenta y cinco años desde que salió, la novela de William Golding ya es un clásico por derecho propio.

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Señalización vanguardista en Ávila http://parafernalia.lacoctelera.net/post/2009/09/10/senalizacion-vanguardista-vila 2009-09-10T20:42:02+00:00

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Blues pour un chat noir, Boris Vian http://parafernalia.lacoctelera.net/post/2009/09/08/blues-pour-chat-noir-boris-vian 2009-09-08T19:53:05+00:00

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El Paraíso Perdido, John Milton http://parafernalia.lacoctelera.net/post/2009/09/08/el-paraiso-perdido-john-milton 2009-09-08T01:40:35+00:00

El Paraíso Perdido, de Gustave Doré Milton llevó a cabo una tarea parecida a la de Dante describiendo el Cielo y el Infierno, el Paraíso y el Caos y dotando a esos escenarios de un aspecto realista. Pero no se quedó ahí. Milton convierte a los protagonistas de la epopeya más grande de Occidente en personajes humanos, capaces de moverse por pulsiones vulgares y banales. Es en cierto modo una tarea de fusión entre el paganismo y el cristianismo, convirtiendo a los artífices de la caída de Lucifer y la expulsión del Edén en seres mitológicos a la manera griega, lejos de las entidades vagas e impersonales de la Biblia.

Aquí, Satanás abjura de Dios por los celos que siente al conocer a Jesucristo y dejar de sentirse el más grande de entre los elegidos del Todopoderoso; Adán accede a comer el fruto de la sabiduría por el profundo amor a una Eva que ya ha cometido el error y prefiriendo caer con ella que redimirse solo en el Edén (¿no habría sido una buena razón para que el "Dios del Amor" le perdonara?); los ángeles se sienten confundidos y desorientados ante la traición de Lucifer y no saben muy bien si seguir sus instintos de libertad o permanecer fieles y sumisos. La fuerza de la poesía de Milton radica en esa personalización que nos acerca unos hechos con los que no podría sentirse identificado quien los leyera en el Génesis.

La narración avanza a saltos: comenzando en la llegada de Satanás y los ángeles caídos al Infierno, nos presenta la misión que el Maligno se autoasigna para vengarse de Dios y que no es otra que provocar la caída de su última creación, el Hombre. Mientras, el arcángel Rafael le relata a Adán los sucesos que acaecieron en el Cielo, retrotrayéndonos hasta la traición de Lucifer y la batalla en el Cielo. Milton, en el mejor libro de todos, el VI, atribuye entonces a Satanás la invención de la pólvora, arma terrible que le da una superioridad momentánea sobre los ángeles (y que, "cuando reine el Mal en la Tierra, alguno de tu raza, ¡oh, Adán!, imaginará un instrumento semejante para desolar a los hijos de los hombres"). El resto del relato incluye la tentación de Eva y Adán y las presciencias de la vida futura de los hombres (siempre según la Biblia) hasta la venida de Cristo, último enemigo de Satanás.

Igual de memorable es la propia historia de Milton, quien imaginaba los versos por la noche y de día se los dictaba a sus hijas, que le ayudaban siempre en todo con su ceguera. Y muy a pesar de las pobres, pues dicen que su padre las obligaba a recitarle sus libros en griego, pero sin enseñarles jamás el significado de las extrañas palabras que leían. Puritano y protestante en los tiempos de Cromwell, devenido en ciego en su madurez, padre del verso blanco y gran influencia en autores posteriores, la vida privada de Milton es de todo menos paradisíaca. Huraño, egocéntrico y extremadamente misógino (no hacía falta confirmarlo tras leer sus virulentos ataques a la "culpa" de Eva y su favoritismo por Adán), Chesterton dijo de él que era "un poeta que no podemos dejar de apreciar y un hombre al que nunca podremos apreciar".

Sin duda, responsable de un importante legado, de imágenes poderosas (como la de Satanás cayendo del Cielo al Infierno durante nueve días con sus noches, lo que con un poco de física -básica, no doy para más- nos dice que ambos distan entre sí de 59.256.852.480 kilómetros; diez veces la distancia hasta Plutón); y que puso en boca de Lucifer una de las frases más memorables de la historia: "mejor reinar en el Infierno que servir en el Cielo".

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John Milton, When I Consider How My Light is Spent... http://parafernalia.lacoctelera.net/post/2009/09/04/john-milton-when-i-consider-how-my-light-is-spent 2009-09-04T18:26:33+00:00

Milton dictando a sus hijas, Eugène Delacroix

Sonnet 19. When I consider how my light is spent...
John Milton (1608-1674)

When I consider how my light is spent,
Ere half my days in this dark world and wide,
And that one Talent which is death to hide
Lodg'd with me useless, though my Soul more bent

To serve therewith my Maker, and present
My true account, least he returning chide,
Doth God exact day-labour, light deny'd,
I fondly ask; but patience to prevent

That murmur, soon replies, God doth not need
Either man's work or his own gifts, who best
Bear his mild yoak, they serve him best, his State

Is kingly. Thousands at his bidding speed
And post o're Land and Ocean without rest:
They also serve who only stand and wait.

Cuando pienso cómo mi luz se agota
Tan pronto en este oscuro y ancho mundo
Y ese talento que es la muerte esconder
Alojado en mí, inútil; aunque mi alma se ha inclinado

Para servir así a mi Creador, y presentarle
Mis culpas y ganar su aprecio
¿Qué trabajo mandaría el que me negó la luz?
Pregunto afectuosamente. Pero la paciencia, para prevenir

Ese murmullo, pronto responde: "Dios no necesita
Ni la obra del hombre ni sus dones: quienes mejor
Soporten su leve yugo mejor le servirán. Su mandato

Es noble; miles se apresuran a su llamada
Y recorren tierra y mar sin descanso.
Pero también le sirven quienes solo están de pie y aguardan.

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Le Comte de Monte-Cristo, Alexandre Dumas http://parafernalia.lacoctelera.net/post/2009/08/30/le-comte-monte-cristo-alexandre-dumas 2009-08-30T19:34:15+00:00

¿Qué ocurre cuando de repente, te arrancan de las manos una carrera prometedora, te alejan de tu prometida, de tu padre moribundo, y por un capricho del Destino y las conspiraciones de tus supuestos amigos acabas confinado de por vida en una celda olvidada? Hasta Edmond Dantès acaba perdiendo toda esperanza y pensando en el suicidio. Pero otro giro de los acontecimientos le lleva a conocer al abate Faria, quien comparte con él el secreto de un tesoro incalculable (aunque dicen por ahí que de cerca de 1400 millones de dólares actuales) y la manera de escapar de prisión.

Arranca así un relato clásico de venganza, en el que el amigo ultrajado y al que le han arrebatado su vida regresa obsesionado con vengarse de sus enemigos, que años después han triunfado y copan la alta sociedad parisina. Entrenándose en cuerpo y mente durante años, convertido ahora en el Conde de Monte-Cristo, primero fascinará y luego entretejerá en sus redes a aquellos que un día le causaron la mayor de las desgracias.

Cuentan que Dumas viajó a la isla de Monte-Cristo con el futuro Napoleón III, pretendiendo organizar una caza de cabras como la que se ve en la novela, pero que la amenaza de pasar cinco días en la cuarentena que se aplicaba a quienes por entonces visitaban esa isla les disuadió y se contentaron con rodearla en barco. No obstante, el sólo nombre le gustó tanto a Dumas que decidió usarlo en uno de sus títulos.

En un principio, la novela se iba a limitar a recoger sus experiencias de viaje (la parte que ahora ocupa el relato de Morcerf y Épinay en Roma, y probablemente la más floja del conjunto), pero sus editores reclamaron una ficción que tuviera como telón de fondo París. Dumas recoge entonces el relato de un crimen célebre y el de una venganza similar que ocurrió a principios del s. XIX y comienza a tejer una trama que pasará a la Historia. Pero la verdadera génesis de la obra está en la colaboración de Auguste Maquet, habitual de Dumas, quien apuntó que se estaban olvidando de la mejor parte de la historia (los amoríos de Dantès con Mércédès y su confinamiento en la prisión del Castillo de If).

La novela avanza pausada, recreándose en los escenarios y en los personajes, en sus vidas privadas y en sus roles sociales. Recordemos que a Dumas le pagaban por líneas, así que su método de trabajo consistía en tomar lo que Maquet escribía y en lugar de pulirlo, alargarlo. Por muy rastrero que nos pueda parecer hoy día el método de escritura con "negros", no hay que olvidar que en el caso de Dumas él siempre reconoció la deuda que tenía con Maquet, y que no se limitaba a dar pinceladas ocasionales a un texto ya hecho, sino que también pasaba jornadas interminables a la pluma y se encargaba de darle ese "toque mágico" que tanto editores como colaboradores reconocían en él. Sin embargo, el nombre de Maquet se omite de la autoría de los libros porque él mismo aceptó en su momento un contrato para que así fuera, a cambio de unas sumas importantes de dinero que le aseguraron morir como un millonario, mientras que Dumas acabó arruinado y vendiendo sus posesiones.

El lector asiste a la elaborada trama que Monte-Cristo ha fabulado, completamente convencido de que actúa bajo designios de Dios, y considerando que su venganza es justa. No faltan duelos, bandoleros, crímenes ocultos y valses, y hasta hay lugar para una buena degustación de hachís en el salón de Monte-Cristo que parece a ratos el Templo de Eleusis.

El Conde de Monte-Cristo es folletín, es pastiche, pero encierra pasajes memorables y giros narrativos capaces de clavarte en el sillón. Y una moralina previsible, pero bien ajustada en la lógica interna de la novela. Enfrentarse a sus 1400 páginas puede disuadir al más paciente, pero seguro que al final encontrará un relato gratificante y apasionante.

"-Conde, sois la síntesis de todos los conocimientos humanos, y me parece que descendéis de un mundo más avanzado y más sabio que el nuestro -. -Algo hay de verdad en eso, Morrel -respondió el conde con esa sonrisa melancólica que le hacía tan atractivo-, desciendo de un planeta que llaman dolor."

"-Soy aquel al que vendisteis, entregasteis, deshonrasteis, soy aquel al que prostituisteis la novia; soy aquel al que pisoteasteis para hacer fortuna; soy aquel a cuyo padre dejasteis morir de hambre, que os había condenado a morir de hambre y que sin embargo os perdona, porque él mismo necesita ser perdonado: ¡soy Edmundo Dantès!"

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